LAS POLÍTICAS CULTURALES EN EL PERÚ.
ENSAYO: Entendiendo la teoría de las políticas culturales para reconocer su importancia en el desarrollo cultural nacional.
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En primer
lugar, es importante iniciar por lo que significa una política pública. Todos
los grupos humanos existentes en los diversos lugares del mundo enfrentan una
serie de problemas sociales comunes, sin importancia de su nivel educativo,
económico, cultural, entre otros. Estos problemas afectan a la sociedad en sus
diferentes estratos y en formas diversas, pero hay un punto en común que las
caracteriza: tienen efectos sobre el colectivo, y, por lo tanto, requieren de
respuestas que estén articuladas, que se expresen en acciones palpables,
concretas, y que no solamente mitiguen, en un corto o mediano plazo, las
consecuencias sociales ya mencionadas, sino que también las ataquen de raíz.
Una de las herramientas (quizás la única efectiva), para, al menos, intentar
solucionar los problemas de carácter público, son las políticas públicas.
Merino indica que, una política pública es “una intervención deliberada del
Estado para procurar la solución de un problema público (…), o para modificar
un status quo en un sentido determinado” (Merino, 2013). ¿Qué se puede
inferir de esta definición? El solo hecho de emitir leyes y/o normas no
garantiza que las mismas sean consideradas como políticas públicas, por cuánto
estás requieren de acciones concretas y que estén muy bien articuladas entre sí
(la política pública es una acción deliberada). Las acciones establecidas que
surgen desde las políticas públicas responden a una intención, más que a la
mera casualidad; es decir, representan actos de decisión; y estas mismas
acciones deben estar orientadas a resolver los problemas sociales a partir de
sus causas. Por otro lado, la titularidad para diseñar, desarrollar y rendir
cuentas sobre políticas públicas, es el Estado, más allá que el sector privado,
la sociedad civil, la cooperación internacional o cualquier otro actor
involucrado al sector cultural pueda desarrollar acciones similares o
complementarias que, por supuesto, también aportan. Entonces, las políticas
públicas deben responder a problemas públicos, los mismos que deben estar muy
bien identificados (se entiende que afectan al conjunto de la sociedad),
atendiendo los intereses de los ciudadanos y ser solucionados en su conjunto
por el Estado. Finalmente, las políticas públicas deben de tener un sentido
claramente determinado, definiéndose los resultados desde el inicio del proceso
de su diseño, respondiendo (positivamente) a las demandas y/o exigencias de la
sociedad misma a causa del problema público.
Adentrándonos
en el accionar de la gestión cultural, éstas responden a los direccionamientos
propuestos por las políticas culturales (al menos, en el “deber ser”). Néstor
García Canclini define a la política cultural como “el conjunto de
intervenciones realizadas por el Estado, las instituciones civiles y los grupos
comunitarios organizados a fin de orientar el desarrollo simbólico, satisfacer
las necesidades culturales de la población y obtener consenso para un tipo de
orden o de transformación social” (García Canclini; 1997). Por su parte, la
UNESCO, define a la política cultural como “el conjunto de principios,
prácticas y presupuestos que sirven de base para la intervención de los poderes
públicos en la actividad cultural, radicada en su jurisdicción territorial, con
el objeto de satisfacer las necesidades sociales de la población, en cualquiera
de los sectores culturales” (Ministerio de Cultura de Colombia; 2010). De
estas definiciones propuestas en el presente ensayo, es posible encontrar
elementos comunes, como el hecho de que las políticas culturales buscan la
movilización del Estado y la sociedad para obtener determinados fines de índole
cultural. El Estado, por lo general, ha generado preocupación en los artistas,
cultores y creadores; en suma, en los ciudadanos. La cultura es creación e
innovación, generación de capacidad crítica y transformación social positiva a
partir de las libertades de expresión de las personas, pero que, en cualquier
momento, pueden ser interrumpidas por acción del Estado y, en menor medida
(como suele suceder en países latinoamericanos), ser promovidas por sus instituciones.
En la actualidad, existen debates bastante sensibles respecto a temas como la
asignación de fondos públicos para la promoción de las artes y la cultura, o la
definición que hacen los gobiernos sobre jerarquías y prioridades en torno a la
inversión cultural, los estímulos económicos en cultura, el centralismo
cultural, o la fragmentación en las tomas de decisiones culturales entre las
diferentes instancias del Estado, etc. La cultura se ha vuelto compleja, en la
actualidad, debido a que, conforme avanzamos en el tiempo, van apareciendo
nuevas modalidades de llevarla a cabo, surgiendo otros campos de acción como
las industrias creativas, las tecnologías de la información, los enlaces en
vivo a través de internet, entre otros, los cuales obligan a replantear las
miradas que se tenían hace cierto tiempo respecto al rumbo que debe tomar la
gestión cultural en un determinado territorio. Entonces, las políticas
culturales, como toda política pública, deben buscar y encontrar las respuestas
respecto a las problemáticas, requerimientos, necesidades y expectativas de los
ciudadanos en torno al desarrollo de la cultura en el país, basándose en
consensos para lograr los cambios o las transformaciones sociales positivas que
tanto se exigen.
El Perú no es
ajeno a esta realidad, y ante la exigente demanda de años, por parte de la
ciudadanía, de que se establezcan los lineamientos de las políticas culturales
nacionales, y por ende, intentar solucionar los problemas y requerimientos de
este sector de la población a través de dichas políticas, es que el Estado ha
promovido la Política Nacional de Cultura en una visión a mediano plazo de 10
años (suponemos, en una primera instancia), para dirigir el rumbo que se tomará
en torno al desarrollo cultural nacional. Es menester resaltar esta iniciativa
que, más allá de significar un hecho histórico en la gestión cultural del país,
representa una importante decisión que debe derivar en una mejor asignación de
los presupuestos públicos, así como de una diversidad de acciones y estrategias
para fortalecer el sector, empezando por el fortalecimiento institucional de
nuestro Ministerio de Cultura. Por lo tanto, existe una alta probabilidad de
que, a partir de esta política nacional cultural, se garanticen, plenamente,
los derechos culturales de los ciudadanos peruanos, tales como el derecho a la
identidad cultural, a la formación y educación en cultura, a la creación y
cooperación, entre otros, tal como lo estipula nuestra Constitución Política.
Por otro lado, y haciendo un breve análisis sobre los problemas de índole cultural que afectan a la sociedad peruana en su conjunto, es también importante que las políticas públicas culturales se orienten, en forma específica, en la solución de los siguientes puntos:
1. Delimitar la dimensión simbólica y territorial de la cultura. Hasta dónde llega el campo de acción de la gestión cultural nacional; lo que puede ser permitido y lo que no, sin afectar las libertades individuales y colectivas, mediante consenso público.
2. La definición (o redefinición) de las políticas culturales respecto a la llamada revolución tecnológica, con la cual convivimos todos los días.
3. La poca disponibilidad o ausencia de medios para la libertad de creación y expresión. Es difícil acceder a las plataformas públicas para mostrar y difundir nuestros trabajos creativos.
4. La poca participación democrática de los ciudadanos en el desarrollo cultural, para que las decisiones no provengan solamente de un sector de “especialistas” en el tema, sino que también se busque involucrar al ciudadano de a pie, mediante su opinión, en la resolución de los problemas que afectan a la sociedad en su conjunto, especialmente en materia de cultura.
5. La desigualdad en el acceso al arte, los bienes culturales y la tecnología, determinado por un marcado centralismo que concentra la mayor cantidad de espacios de cultura (museos, teatros, cines, salas de exposición, festivales, etc.) en nuestra ciudad capital.
6. La poca formación educativa de niños y jóvenes respecto a la apreciación de la cultura y las artes, así como la formación del pensamiento crítico y reflexivo sobre asuntos de actualidad e historia, así como de otros temas de interés.
7. La poca formación en investigación, estudio y otras propuestas sobre economía de la cultura.
8. La poca formación de gestores y actores culturales.
9. La poca difusión objetiva sobre nuestra memoria histórica para repensar el futuro de la nación.
Existen,
incluso, más problemas de carácter cultural que deben ser resueltos (o, por lo
menos, proponer sus soluciones), mediante acciones concretas y estrategias que
ataquen las causas, a partir de la clarificación en la determinación de las
políticas culturales que marquen el direccionamiento de la gestión cultural en
el Perú.
Entonces, ¿es
importante el establecimiento de políticas culturales en el Perú? La respuesta
es un rotundo sí.
Referencias bibliográficas:
- García Canclini, Néstor. “Para un diccionario herético de estudios culturales”. Revista Fractal. N° 18. Julio, 1997.
- Merino, Mauricio. “Políticas públicas. Ensayo sobre la intervención del Estado en la solución de problemas públicos”. Editorial CIDE – Centro de Investigación y Docencia Económicas SAC. 2013. 192 p. México, D.F.
- Ministerio de Cultura de Colombia. “Compendio de políticas culturales”. 2010.

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